martes, 27 de octubre de 2015

Los peces KOI

Esta es una leyenda china que ha inspirado los corazones de los más valientes a lo largo de los siglos.
Hace muchos años, en un tiempo antes de la historia, una numerosa escuela de peces koi nadaba por el río Amarillo. Los colores de sus musculosos cuerpos brillaban con la luz del sol, como un millón de joyas vivientes.
Todo iba bien hasta que los peces alcanzaron una cascada. Muchos de ellos se asustaron; pensaron que sería más fácil fluir con la corriente del río y no arriesgar sus bellas escamas por subir la montaña. Sin embargo, un grupo de tan solo 360 koi se quedó, listo para enfrentar la cascada desconocida y conocer la cima. Saltando con todas sus fuerzas, cada koi se esforzó por llegar a la cumbre de las cataratas. Una y otra vez, sus cuerpos se lanzaban al aire solo para golpearse contra el agua helada.
Todo este chapoteo llamó la atención de unos demonios, que se reían cruelmente de la lucha infructuosa que libraban los koi. Agregando a su miseria, los demonios sádicamente emplearon la magia para aumentar la altura de las cataratas. Aun así, estos koi fueron valerosos. Sin inmutarse, el koi redoblaron sus esfuerzos minuto a minuto, hasta que transcurrieron cien años. Al final, con un salto heroico, un pequeño koi alcanzó la cima de las cataratas. El espíritu del cielo sonrió en señal de aprobación y transformó el koi agotado en un dragón de oro brillante.
Él pasa sus días alegremente, persiguiendo las perlas de la sabiduría a través de los cielos vastos y eternos. Desde entonces, siempre que otro koi encuentra la fuerza y el coraje para saltar las cataratas se ve convertido en un dragón celestial. Las cataratas hoy en día se conocen como La Puerta del Dragón y, debido a su resistencia y perseverancia, los peces koi se han convertido en símbolo de la superación y el cumplimiento de el propio destino.
Así como este valiente pez, convertido en un radiante dragón, halló la fuerza en sí mismo para alcanzar sus metas, todos debemos reconocer nuestra capacidad para forjar el destino. Nuestra recompensa es la felicidad, prudentemente dotada de sabiduría.
Esta es la lección que lleva Alejandro en la piel. Siendo un sobreviviente a la enfermedad renal, él ha encarado aquela adversidad que consume las esperanzas de los más débiles y los arrastra río abajo. El pez koi y su forma de glorioso dragón cubren la espalda de Alejandro para recordarle que la vida es una recompensa que sólo aquellos que saben luchar y perseverar merecen disfrutar a plenitud.

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